Estimado lector, por ahora podemos ofrecerle estos selectos fragmentos de los textos originales:
Clases de Boludos

Un muy útil manual de detección de esta numerosísima raza argentina, con cierta proyección internacional.

Crónicas del Senado

Detalle fraguado del  programa de incentivos a senadores para la aprobación de leyes. Una joya para entender la actual política argentina del tercer milenio.

La Gran obra de Dios

Una anti-novela posnuclear, al modo de "Oficio de tinieblas", de Camilo José Cela.

Del Otro Lado

Definida como una gran metáfora sobre el neloliberalismo, esta novela es una alegoría sobre la transformación de la sociedad argentina en la década del 90

Kapital Dogma

The evberwriting bobook" es un libro que ahora mismo está siendo escrito en el futuro. Una advertencia acerca de cómo será el mundo de comando unipolar.

CLASES  DE  BOLUDOS

Sé muy bien que la historia acerca de cómo llegó hasta mí el primer original de “Clases...” resultará inverosímil, y que por mucho que me afane en desmentir la procedencia de la misma, nunca faltará quien –con razones sólidamente fundadas- ponga en duda este hecho, que yo soporto con hidalguía desde hace más de veinte años.

Nunca conocí personalmente al ideólogo de todo este asunto, llamado el Cide Hamete Marchaflí, salvo por algunas anécdotas que solían contarse en mi barrio, allá en el inicio de los años setenta. Recuerdo con claridad, aparte de esas anécdotas, los clásicos carteles sobre la avenida Mitre, en Avellaneda: “Marchaflí Vende”, o “Marchaflí Alquila” que eran un verdadero clásico en la zona.

...

Algún tiempo después empezaron a llegarme las instrucciones con lo que se esperaba de mí. La primera carta fue muy precisa. Indicaba el número de orden de la categoría (dado que las categorías de las tres versiones que recibí de parte de Marchaflí tenían la particularidad, justamente, de estar numeradas), y una dirección postal. Yo debía trascribir el item designado y luego pegarlo en la fachada de una casa, cuya dirección se consignaba en la misma nota. A mí todo el asunto seguía pareciéndome una inocentada.

Con Rael estando tan lejos, empecé a preocuparme. Recuerdo un sueño recurrente de mi adolescencia. En una gloriosa mezcla inconsciente, recuerdo a Rael apuntándome con un fusil, empujándome para obligarme a caminar por la calle Iguazú hacia la avenida Mitre.

-¡Maldito!, le decía yo. –¡Soy tu hermano!

En el sueño, yo me refería a un rito que habíamos llevado a cabo antes de su partida. En ese rito, en el que nos declaramos hermanos, nos habíamos prometido estar siempre en contacto, pasara lo que pasara.  A Rael parecían no importarle los pactos preexistentes, y me instaba a ver el nuevo paisaje de la avenida Mitre.

Allí yo podía ver, con horror, los carteles que ahora amenazaban “Marchaflí Vigila”. Invariablemente me despertaba en este punto, con una angustia que me acompañó toda la vida. Al principio creía que el sueño significaba mi extrañeza por aquel amigo ausente, que hubiera podido protegerme, pero que en lugar de eso había decidido la sangre y la guerra de esa tierra en permanente conflicto, en lugar de las mieles que ofrecía Argentina.

Con el correr de los años empezó a parecerme que en realidad tanto Víctor cuanto el mundo estaban descarriados en el camino de la iniquidad, hasta que encontraran una muerte inútil. Empecé a interesarme por el problema que implicaba la presencia de un ejército de ocupación en tierra palestina, y lleno de información sobre la materia, sentí que aquellos papeles que me habían llegado, de parte de este hijo de puta de Cide Hamete Marchaflí me tocaban mucho más de cerca de lo que yo creía, pese a mi origen catalán.

...

La decisión de ordenar las categorías alfabéticamente se me ocurrió después del escándalo de las coimas en el Senado. Entonces fue cuando me llegó la tercera y última versión, que puse a consideración de un escritor muerto, con la certeza de que nada malo podría alcanzarlo, ni siquiera la curiosa maldición ideada por Ibn Yussuf ar-Rahib, dado que también él está muerto.

Qué paradoja: A raíz de tantos avatares que me han acarreado durante tanto tiempo la irrupción de “Clases...” en mi vida, he decidido que no debía casarme, al simple efecto de proteger a mi inexistente familia.

A raíz de esto no he tenido hijos, (soy cristiano, al fin...) vivo solo como un hongo y mi vida carece por completo de sentido. Si ahora caigo, bajo la violencia física de Cide Hamete Marchaflí o en los hilos invisibles de las maldiciones de Ibn Yussuf ar-Rahib, realmente no me importa. He escogido a otro hombre, capaz de llevar a cabo la tarea, sin riesgo para su persona. Sé muy bien que no tiene la inteligencia de Yasán, pero no puedo dudar de su honestidad.

 


AMIGO, MESÂUD LECTOR:

Si por ventura una o más de las categorías de este libro coincide sospechosamente con varias o alguna de tus –sin duda- únicas e irrepetibles habilidades, no se te ocurra, prima facie, que tal categoría está dirigida a tí, exclusivamente.

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No alimentes la posible sospecha inicial con el fuego de la cólera, ya que podrías exponerte a la meditada e infalible maldición ideada por Ibn Yussuf ar-Rahib, la que queda por ahora en total secreto, bien guardado debajo de la piedra donde se asientan todas las grandes bases de La Base.[Nota al pie]

Sin embargo, si de todos modos quisieras comunicarte con los editores de este libro, publicado en lengua infiel, puedes tener en cuenta que para todas las sucesivas publicaciones, tanto tú como cualquier otro boludo puede quejarse, reclamar, dejar mensaje o tributar su aporte al oráculo en la casilla de Correo Nº 23646863 (Beninune) de la Ciudad de Nápoles.

Es muy curioso el destino de los libros, de modo que –si me permites la infidencia- te revelaré un secreto que para mí será siempre motivo de admiración.

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Para aquellos muchos, innúmeros en el saber, el conocimiento y la luz divina de Allah, este libro y se convierta en la inagotable alforja de donde mane por siempre el rayo del bien. Para los otros, vaya la certera maldición de Ibn Yussuf ar-Rahib por diez mil generaciones, aunque no pueda revelarla ahora, y que un ejército de efrits condene sus almas a los más horribles tormentos por toda la eternidad.


CLASES DE BOLUDOS

 

Boludo ab uno disce omnes. Boludo diametral, o meridiano. Aquel que por sus obras se reconoce. Boludo a quien basta con mencionarlo para dar la idea. Todo el mundo tiene por lo menos un nombre, a modo de ejemplo, en su cabeza. También definido como boludo Gilgamesh. (Véase; Se recomienda no citar)

Boludo ábaco. Boludo contador o matemático. Vive encontrando relaciones numéricas en todas las situaciones y hasta objetos cotidianos. A veces gana a la quiniela, o a otros juegos de azar, situación que lo lleva a sostener que lo suyo más que un arte, es una ciencia. (Se recomienda no citar: Extraído de “Malditos seres sombríos de existencia real”, de Ibn Yussuf ar-Rahib; inédito)

Boludo académico. El de difícil –o, en muchos casos- de imposible detección. Suele colarse en los claustros de las más prestigiosas casas de altos estudios para ofrecer sus boludas opiniones sobre temas altamente trillados, por las que recibe un suculento estipendio. El resultado de semejante oferta es la denominada demanda cero, resutlado que nunca lo convence de la boludez de su propuesta, sino más bien, le confirma su previa e íntima opinión acerca del error de las masas.

Boludo administrativo. O de oficina, o inútil con experiencia. Trabaja como un buey por unos pocos dinares, y cuando surgen problemas, le gritan de mal talante y lo amenazan con pagar los platos rotos, que resultan altamente costosos. Aunque no teme a las consecuencias ni acepta amenazas, no pierde así nomás su condición de administrativo, ni mucho menos la de boludo. Se prepara Enciclopedia.

Boludo ahíto. Boludo que se queja de lleno.  Forma familia con la especie de boludo sushi (ver), más que por los raros peinados antiguos, por la curiosa mezcolanza de ideas que desgrana en los reportajes televisivos a los que se ve obligados por su inmerecida fama. Suele estar emparentado con prominentes funcionarios políticos, quienes protegen y financian sus pedorros proyectos comerciales.

Boludo aleatorio. O de a ratos, o ciclotímico. Clase de boludo que se comporta con toda normalidad, pero inopinadamente, en el momento menos pensado, hace o dice boludeces. Se trata con litio. También denominado boludo mutatis mutandi. (Ver)

Boludo amargado. O malhumorado, o seco de vientre. Pasa su vida ejercitando la completa imposibilidad de ver ninguna cosa buena, sana o positiva, y cuando algún otro espíritu boludo le señala alguna, aquél le encuentra de inmediato la manchita.

Boludo amniótico.  Boludo desde el vamos. Como exhibe su condición a muy temprana edad, sufre mucho durante su período escolar. Es, a su modo, un boludo infinito (ver), pero por lo general con severas convicciones marxistas, lo que limita muchísimo su pensamiento.

Boludo argentino. O por antonomasia. (Ver éste y sus derivados) Hasta cuando le dicen que es un boludo, concluye con serena convicción que es el mejor de todos los boludos. Le da origen al término, lo estudia y clasifica las distintas especies de boludos.

Boludo ateo. O marxista de ocasión. Gente que se refiere a la Biblia con socarronerías soeces, pero que ha bautizado a todos sus hijos, por las dudas. Sus blasfemias en el fondo son graciosas, porque conduce un programa de televisión a la madrugada, donde lanza sus imprecaciones, o es titular a cargo de una cátedra en pequeñas universidades públicas, donde dicta economía política.

Boludo atormentado. O fóbico. Tipo de boludo consciente de sí, en el sentido del selbstwebussein hegeliano, que vive cuidándose siempre de decir la más mínima boludez, pero aunque su esfuerzo es supremo, termina fracasando. Es generalmente cristiano, con un auténtico compromiso hacia la caridad.


Boludo baboso
. El que manosea a todo el mundo, pero en especial a las mujeres jóvenes. Es varón de recta sexualidad, pero de coitos muy espaciados en el tiempo y de rápida resolución material.

Boludo bárbaro. O lógico. El que está asido a la primera figura silogística, en que las premisas y la afirmación son todas universales y afirmativas. Es clase de pensamiento lineal. Boludo beati possidentis. Boludo millonario. (Véase)

Boludo bebedor. Clase de boludo cuyo hígado no tolera el alcohol y pese a eso abre cada reunión con un whisky doble. Siempre vuelve de tales reuniones en taxi, con la ventanilla abierta, para cambiar el aire, y vomita justo antes de llegar al inodoro. Salvo estos incidentes, jamás huele a ácido clorhídrico. El tratamiento actualmente aceptado consiste en suministrarle 50 mg de diazepam oral por día, apoyado con cualquier compuesto polivitamínico y algún preparado glucosado.

Boludo capicúa. Ver boludo chiquitito, árabe, presidente.

Boludo capitalista. O con ganas. Jamás dispone de dinero, pero se la pasa pontificando sobre las bondades del liberalismo y de la igualdad de oportunidades para todos. A todo esto, nadie le informa sobre tales oportunidades y el desarrollo siempre pasa lejos de donde esté. Mientras tanto, relee a Keynes y a Milton Friedman, aunque desde hace un tiempito está encandilado por Peter Drucker.

Boludo cartógrafo. Boludo extinguido, dibujante de las costas que avistaban los navíos de exploración europeos entre los siglos XV y XIX. Han provocado más encalladuras que el propio Mar de los Sargazos, dados sus errores de apreciación debidos al mareo que les atacaba ni bien zarpaban los buques mencionados. Por extensión, así se (mal)llama todavía al boludo exótico, o viajero. (Véanse ambos)

Boludo categórico. Boludo que se ríe de todas las categorías, hasta que encuentra una que le calza. Es  temible, por vengativo, aunque no alcanza a calificar para boludo némesis.

Boludo chiquitito, árabe, presidente. Ver boludo capicúa.

Boludo chupacirios. Boludo típico que oficia de ayudante en las iglesias, con el solo motivo de ser buenamente considerado por Dios. El cura le informa al Jefe puntualmente, pero en realidad los tres dudan que la salvación del primero corra por el lado de tales informes.

Boludo chupóptero. O ñoqui. El que, sin prestar servicio alguno, cobra uno o más sueldos del erario público, y lo cuenta socarronamente en reuniones sociales. Es subtipo del boludo pero no tanto. Suele ser familiar de funcionario, este último de la clase que se regodea por su enorme capacidad de dar dinero ajeno.

Boludo cogito, ergo sum. El que se da cuenta. Es de clase reflexiva, y siempre está considerando sus mayores boludeces, no importa cuánto tiempo haya pasado desde que las perpetró. Su trasfondo cristiano trae constantemente hasta su interlocutor la idea de la culpa, la que por falta de análisis no ha aprendido a manejar.

Boludo colonial. Subtipo de boludo conservador, que todavía llama Falklands a las islas Malvinas. Está fastidiado profundamente por la devolución de la isla de Taiwan a China continental. Sigue refiriéndose a la isla como "Formosa". Es especie en vías de extinción.

Boludo con cuernos. También llamado anta. (Ver) Es clase temible para su grupo primario familiar, ya que vive sus penosos días con la sospecha de su boludez y una dolorosa duda acerca de sus cuernos. Esto le provoca una ansiedad oral que lo lleva a comer todo lo que encuentra, incluyendo en algunos casos tierra, clavos y tornillos, y hasta los excrementos de las mascotas del hogar.

Boludo  con ganas. O capitalista. No solamente lee al último premio nobel de economía, aunque sea indio, a quien conoce por imprecisas citas llenas de inexactitudes, sino que compartió las ideas de los anteriores titulares del referido premio, ambos ellos responsables de la quiebra del mayor fondo de inversión del mundo.

Boludo consanguíneo. Es el tipo de boludo que toda familia tiene. Sólo se consideran hasta el segundo grado. Como en el caso del boludo ab uno disce omnes, cada quien tiene un nombre en su cabeza. No existe familia que se precie de serlo, a la que le falte uno en su seno. (Se recomienda no citar: Extraído de “Malditos seres sombríos de existencia real”, de Ibn Yussuf ar-Rahib; inédito)

Boludo consejero. Boludo con la vida hecha pedazos, pero que no cesa de sugerir cursos de acción para la realización de negocios, reconciliación de parejas y obtención de nuevas amistades. No tiene cura.

Boludo contador. Subtipo de boludo ábaco. Clase bien pagada, que es obligada a firmar un balance fraudulento. Tras la firma, piensa en perder la vigencia de su matrícula por diez años, tiempo que le parece prudencial para una preocupación de tal envergadura.

Boludo convencido. O militar romano. No tiene ningún lugar para la duda en su cerebro. Aunque entendió sobre la duda que era uno de los cinco estados de la verdad según San Agustín, no entiende por qué la incluyó con los otros cuatro.


Boludo de bar. Boludo que se la pasa en el bar, discutiendo anomalías del último partido de fútbol ya resueltas por las máquinas de realidad virtual. Es la delicia de los mozos, ya que generan charlas kilométricas, con abultadas cuentas a pagar. Si desarrolla sus actividades por la tarde, suele definírselo como boludo vermucito. (Ver)

Boludo de barrio. Aquel capaz de conocer el mundo, pero que nunca dejará de ser un chico de su calle. Responde a sobrenombres como Beninún, Carozo, Pachuga o Carlingui. Cuando llega a su casa corriendo bajo la lluvia, se cae con variada suerte en medio del barro. Los niños le tiran piedras o pequeños balines con pistolas de aire comprimido, o al menos le auguran a los gritos que un mal rayo lo partirá en dos. El boludo de barrio es afecto a contar este tipo de historias en las Sociedades de Fomento, pidiendo luego opiniones al respecto, con lo que gana el pesado silencio de toda la platea.  Segunda acepción: El que le explica a los vecinos y a todo el mundo la mejor manera de hacer las cosas, siguiendo un criterio más personal que científico, o que otra cosa. Anda por las calles domingueras y calladas de su barrio con un pequeño auto, al que le arregló el motor para que funcione a unos kilómetros más por hora. Además agrandó el caño de escape, por lo que se lo escucha venir desde lejos. Se lo reconoce principalmente, entonces, por el ruido de su autito. Cuenta graciosos chistes, aunque no le gustan los niños. Es especie pagada de sí misma.

Boludo de corralito. Subespecie de boludo argentino, o por antonomasia (véase) Aquel que ha depositado los ahorros de toda su vida en un banco extranjero de primer nivel, pero gracias a la perversa legislación de la caterva menemista – radikal, que ideó una curiosa confiscación denominada, precisamente, corralito. Si el extranjero banco en cuestión es español, no se descarta que, encima, el cajero de turno lo burle haciéndole pito catalán.

Boludo de Hamas. Subespecie de boludo palestino. Le estalla el teléfono celular en la oreja, cuando lo atiende, en una de las operaciones que más ha hecho reír al genocida Ariel Sharon.

Boludo de ineluctable historicidad. O boludo matemáticamente justificado. Es grupo casi inhallable, por lo calladito. Ha encontrado en Social Text una curisa afirmación acerca de la la interpretación postmoderna de la gravedad cuántica, que hace mención a la no-linealidad de las ecuaciones de Einstein, y suscribe a ella con mucho más ahínco que entendimiento, por lo que adora a sus autores, Alan Sokal y Jean Bricmont. No ha leído aún la desmentida (’Experiment with Cultural Studies’) publicada en Lingua Franca, pero el día menos pensado, se enterará.

Boludo de inteligencia. Boludo convencido que se dedica a recabar datos sobre los más variados temas. No tiene idea sobre a qué se refiere la busca que lo anima, pero cumple puntillosamente con la tarea encomendada. Siendo un boludo típico, también es subespecie del boludo adlátere, aunque no tiene idea de cómo ni por qué. Felizmente, tampoco se lo pregunta. Para descansar su mente, se casa con mujercitas pequeñas y con numerosas operaciones estéticas en el busto y en la cara, pero al tiempo se descorazona, convencido del océano cultural que los separa. Suele hacer férreas amistades con mediocres conductores de televisión. (Se recomienda no citar: Extraído de “Malditos seres sombríos de existencia real”, de Ibn Yussuf ar-Rahib; inédito)

Boludo de mayorías. O soberano. Especie esperanzada, que derrama lágrimas ante los discursos de aquellos candidatos presidenciales quienes, en campaña, son de su boluda preferencia y finalmente resultan electos. Casi siempre es defraudado.

Boludo de metempsicosis. Boludo infinito o moëbius. (Ver ambos). Especie que cambia de hábito, pero no de costumbres. Suele caer una y otra vez en los mismos errores, aunque haya un ejército de amigos, familiares y conocidos quienes le advierten de su error.

Boludo de minué. (Del francés, menuet) O boludo antiguo. Su sintomatología se caracteriza por la permanente fluctuación de todo su cuadro en la línea del tiempo, o sea el posteriormente llamado cuadro caleidoscópico por Klompenhower. Pertenece a esa categoría que sigue sosteniendo la mala influencia de la televisión para el mundo en general, que no quiere saber nada de la internet ésa ni tampoco que le ofrezcan un teléfono celular. Prefiere mil veces el brasero a la estufa de tiro balanceado. Es categoría en vías de extinción, la mayoría de las veces por asfixia.

Boludo de Néper. O calculista. Es subfamilia del boludo matemático. Vive encontrando relaciones numéricas en los hechos de la naturaleza. Se cree que un boludo de Néper, neperiano o calculista, instituyó la frase popular dos por tres, llueve. (Concepto extraído del "Tratado de Nuevos Vocablos del Idioma Castellano en el Río de la Plata", de Nicanor Rodríguez Semper,  Ed. Seurat, Buenos Aires, 1 .879)

Boludo de oficina. O boludo administrativo. O inútil con experiencia. (Ver ambos) El incapaz de realizar una labor en la que se empleen las manos, para fabricar, modificar o arreglar un objeto de existencia material que le sirva a sí mismo o a terceros. Tal incapacidad lo lleva a poblar distintas administraciones públicas, cualquiera sea el signo político de éstas. 

Boludo demócrata. Clase escasa. Gente que cree cada vez más tibiamente que “con la democracia se come, se educa y se cura”. Rara vez recuerda a quién cuernos está citando, aunque cree a pie juntillas que habla del mejor sistema de gobierno.

Boludo destructivo. Es de una categoría temible. Muere ignorante de su condición, aunque cualquiera que revise su pasado con atención puede percibir el tendal de corazones maltrechos, relaciones truncas y cuentas en rojo que ha dejado detrás. Conviene ponerlos a la mayor distancia, siempre y cuando sea posible.

Boludo diplomático. Boludo sin estudios secundarios completos, que por cuestiones políticas se prende afanosamente en lo que solía llamarse el reparto de la torta. Como no habla más que el castellano, su destino resulta cualquier país latinoamericano, donde cometen crímenes de poca monta. Hay algunos, más afortunados, que llegan hasta España. Lucen barba entrecana y ridículas corbatas. Son invariablemente separados de sus cargos por haber abierto la boca en la dirección equivocada. Se quedan con la pensión bien amarrada, y recuerdan hasta sus muertes las fotos donde aparecen a la diestra del príncipe de Asturias, tomadas durante memorables recepciones llevadas a cabo en el Paseo La Castellana, a la altura del 53.

Boludo doctor. O boludo pero no tanto. Es del tipo que accede a las máximas distinciones académicas en instituciones europeas mediante malas artes. Su trabajo de investigación es calificado como regular, o excelente, pero plagiado. Si llegara a publicar sus investigaciones, distintos autores señalarían indignados las sospechosas coincidencias con sus respectivas obras, editadas en otro idioma e incluso en el mismo, allende el mar. Termina siendo denunciado vía internet.


Boludo enfermo
. O boludo pathos, o recidivo, o boludo en permanente recaída. Es especie de corte ciclotímico, que vive en un subibaja. Un kilo y cuarto de litio por mes le otorgan mejoría permanente, aunque pierde por completo la sonrisa. No se suspenda el tratamiento.

Boludo escritor. El que, cansado de escuchar y sobre todo de decir boludeces, se decide por fin a escribirlas. Si llegara alguna vez a publicarlas, encara potencialmente su carrera que culmina  cuando se convierte en boludo resonante. (Ver)

Boludo esperanzado. O boludo verde. (Ver) Tipo de boludo a toda prueba. Tiene casi todo el tiempo una sonrisa beatífica más que preparada, dibujada en su rostro, no importan los cataclismos ni las desgracias que le ocurran.

Boludo existencialista. Boludo que ha leído completo a Unamuno, y encima es capaz de citar sus más abstrusos conceptos, incluido el de la sorelidad, pero prefiere a Jean Paul Sartre más que por sufrido, por francés. Es especie culta, pro  boludos bete noir (ver), y muy al tanto de la existencia y de las obras, por ejemplo, de Gabriel Marcel, Bolzano y Brentano, (a quienes siempre nombra juntos)

Boludo extremista. También conocido como boludo fundamentalista o radical, por su definición anglófona (=radical) Es el tipo de boludo así considerado por la forma extrema de considerar o tratar hasta los asuntos más nimios. Hay otro tipo de boludos radicales, los del partido, pero  éstos responden a la primera palabra, sin esperar que los adjetivasen.  

Boludo fastidioso. Subespecie de boludo olvidadizo, que hace solitarios gestos de desaprobación extrema cuando encuentra sus propias llaves o sus gafas (que ha buscado durante horas y hasta días), en la heladera o en el baúl del auto.

Boludo filósofo. Esta variedad fundamenta, por lo general en Manuel Kant o en Jorge Guillermo Federico Hegel, sus teorías más boludas. Tiene inalterables convicciones, incluso hasta para alcanzar un vaso de jugo de naranja, y tiene la mala costumbre de explicarlas, por lo que resulta de difícil conversación y trato.

Boludo fílmico. O de los medios, o mediático, en grado de subtipo. Aquel que es sorprendido no más de tres veces en talk shows berretas de la denominada televisión basura, donde expone sin ambages toda su batería de boludeces.

Boludo fósil. Boludo recalcitrante, o deshidratado. Se refiere a la edad del boludo en cuestión, ya que el crecimiento cronológico no es garantía de cesión en el ejercicio de la boludez. (Concepto extraído del "Tratado de Nuevos Vocablos del Idioma Castellano en el Río de la Plata", de Nicanor Rodríguez Semper,  Ed. Seurat, Buenos Aires, 1.879)

Boludo fundamentalista. Clase de boludo mucho más extremo que el extremista. Tiene tendencia inconsciente de ser a la vez boludo opaco o vividor, y, a veces, boludo terrorista. (Ver todos)  


Boludo gentil. Boludo no judío. Esfera abierta en 1948, con la creación del Estado de Israel, a proposición de Moshe Ben Hanu y a efectos de encuadrar primordialmente a los boludos palestinos. (Ver)

Boludo Gilgamesh. Boludo épico, autor y/o intérprete de por lo menos una de esas boludeces que hacen historia, y terminan siendo citados por distintos polígrafos, en diversas partes del mundo, quienes en todos los casos se atribuyen la originalidad del hecho. También conocido como boludo ab uno disce omnes.

Boludo hacker. O informático, o informatizado.  Boludo becerro, atrapado mientras inspecciona y roba secretos de estado desde el ordenador conectado en su propia casa, y en presencia de sus padres. El potencial empleado de la Agencia Central de Inteligencia.

Boludo infinito. O de metempsicosis, también boludo moëbius. Es tipo que impresiona como alucinado permanentemente. Aquel que se ha convencido de la trasmigración de las almas. Puede nacer mil veces más, pero en todas esas oportunidades morirá. Puede acompañar el cuadro con aparición de erráticas alucinaciones auditivas y visuales. Tiene mucho de boludo amniótico (ver), pero con viscerales convicciones místicas.

Boludo informático. O informatizado. O hacker. Boludo con grandes conocimientos en computación, con capacidad de violar los sistemas de entrada a la National Air and Space Administration, para colmo sin pagar los costos de comunicación. Como opera desde su propia casa, es invariablemente sorprendido in fraganti.

Boludo ingeniero. El que no revisa los materiales, firma los remitos de envío y las conformidades de obra sin revisarlos y al final se responsabiliza por el derrumbe de los edificios que levantó la constructora que lo empleó. Hay casos suicidas.

Boludo insopor-Tagle. O telefónico de Tagle. O internacional, o boludo de Tagle. (Por el nombre de la calle donde residía a fin del siglo XX el más famoso de estos boludos, dedicado a encarar complejas tramitaciones personales vía telefónica). Suelen llamar desde diversas capitales del mundo, cargándole el coste de las llamadas a las diferentes embajadas argentinas.

Boludo juguetón. El que se la pasa haciendo chistes idiotas y bromas chabacanas, muchas veces con contacto físico incluido. Para tranquilidad ajena, le caben todas las diazepinas, pero no hay como el bromazepam. Mezclarlo con discreción en su café, por las mañanas.

Boludo kafkiano. O tramitador. No importa que informaticen telemáticamente todos los registros públicos municipales, provinciales o nacionales, el boludo kafkiano debe seguir haciendo trámites.  Cuando gestiona su cédula de identidad, seguramente le aparece impreso otro nombre. La factura del servicio de agua corriente figura impaga, encontrándose al borde del corte de servicio. Aunque se presentó en la oficina que corresponde, con los comprobantes de pago sellados en original y tres fotocopias certificadas por escribano, siguen reclamándole por teléfono. Cuando quiere explicar su situación, descubre que se trata de  un mensaje no solamente grabado, sino amenazador. Su casa, que ha terminado de pagar con mucho esfuerzo hace quince años, es una curiosa construcción erigida en un terreno que se ha subdividido seis veces, a nombre de alguno de los primeros inmigrantes asiáticos en Sudamérica, desaparecido en el incendio de un supermercado. Esto  imposibilita definitivamente la emisión de la escritura de su propiedad. Amenazado por la mafia china, termina gestionando un cambio de nombre ante las autoridades, lo que le acarrea innumerables nuevos problemas. (Se recomienda no citar)

Boludo chá. Boludo imperante (ver), káiser o rampant. El que está al frente de grupos, con total poder sobre los mismos. (Concepto extraído del "Tratado de Nuevos Vocablos del Idioma Castellano en el Río de la Plata", de Nicanor Rodríguez Semper,  Ed. Seurat, Buenos Aires, 1.879)

Boludo kantiano. El que funda sus argumentaciones filosóficas en la crítica de la razón pura. Afirma que la sensibilidad y el entendimiento son igualmente imprescindibles para que exista el conocimiento. Trascartón, llora.


Boludo laberíntico. O feminoide. O labial. Se la pasa discutiendo sobre los más diversos temas con lo que parecen ser sus basadas convicciones, en las que mezcla todo y confunde hasta a sus interlocutores más lúcidos. El mazindol puro en pequeñas dosis, al actuar como lipolítico en ciertas zonas del cerebro, calma su pulsión labial, pero le provoca anaprosexia, o sea la completa pérdida del apetito sexual.

Boludo lacónico. O lacedemonio. Boludo que ha leído a Homero, Anaxágoras y Hesíodo, pero no tiene nada que decir al respecto. Esto ocurre, en el fondo, sólo porque conoce su penosa condición. Es  melancólico, por lo que suele ser definido como  bolas tristes.

Boludo legalista. Boludo que se atiene con firmeza a las reglas que conoce. Jamás cruza la calle con el semáforo en rojo. Es  de temer, ya que puede hacer denuncias por contravenciones a los códigos de convivencia urbanos, que conoce parcialmente.

Boludo legislativo. O regular o reglado (ver) Boludo atado a la reglamentación vigente. En el peor de los casos, llega a escribir tales normas, con lo que adquiere la tetrajerarquía de boludo regular, reglado, legislativo y profesional.

Boludo leninista. O anacrónico. Boludo imbuido en la doctrina marxista, en un todo de acuerdo con la interpretación de Nicolás Lenin, según la cual su instrumento principal de realización es la dictadura absoluta del proletariado.

Boludo leporino. El que viene con tajo labial. Aunque no se le entienda bien cuando habla, no es boludo locutor. Tampoco es boludo labial o laberíntico, ya que no resulta muy pesado en las discusiones. Es clase pasible de conmiseración.

Boludo locutor. Calidad de boludo dedicado a las palabras, que habla mal, o por lo menos confusamente, en todos los idiomas. Jamás ha sido denunciado por su clientela, siempre acostumbrada a escuchar que diga una cosa por otra, sin entrar en detalles.

Boludo mantenido. O boludo hijo de presidente. Es clase tímida, de costumbres pacatas y bajo perfil, todo ello por lo exiguo de sus inteligencias. Sin embargo, llegados sus progenitores al poder, no trepidan en comprar por monedas o traficar influencias para aprobar sus exámenes de ética, por lo que son capaces de terminar carreras profesionales en uno o dos años. También abren florecientes negocios y muestran sus amplísimas, boludas e inexplicables sonrisas en cuanto restaurante se les ponga al paso, acompañados de cantantes –ya sean negros, ya sean latinoamericanos- en ambos casos, de éxito. El boludo macho de esta especie es denominado boludo antoñito, y la hembra, boluda zulemita. El macho no pierde oportunidad de responder variados reportajes en los medios de comunicación usando una rara jerigonza que arranca invariablemente, con un “No sé”. Después de abandonar sus tareas como organizadores de reuniones de gabinete, suele convertirse en bailarín de video clips, o hasta en desnudista profesional. La hembra de la especie, en cambio, no tienen actividad conocida. Ambos géneros residen largas temporadas en Miami, con dinero oficial.

Boludo maléfico. Aquel que, convencido de sus poderes para la hechicería, gasta velas de colores y pone a pudrir huevos al sol. Es género frecuentemente acusado de ejercicio ilegal de la medicina. Termina hechizando al juez de turno y al secretario de juzgado. No va a la cárcel, pero cada denuncia le cuesta muy caro. Tras el juicio, sostiene que en el juzgado, el encantamiento le cumplió.

Boludo malparido. Boludo de gestación penta o sexamesina. Cree que está en el mundo de regalo. Reflexiona esta materia a diario, durante cada desayuno, cuando desgrana los sueños de la noche anterior.  Es proclive a la expresión “¡qué lo parió!”.

Boludo marxista vulgar. Boludo depresivo, a quien le va muy mal económicamente, y le echa todas las culpas a los boludos del gobierno de turno. Pueden llegar hasta el atentado en contra de las autoridades federales, y Lula da Silva los confunda por completo.

Boludo masón. Boludo que ha llegado al límite máximo de la aceptación social, por lo que recurre a sectas semi secretas de dudable origen. Se identifica con Don José de San Martín, por ejemplo, pero en el año de su presidencia de sesiones, invoca permanentemente los nombres de Licio Gelli, Roberto Calvi y hasta de Domingo Cavallo. Es boludo que alcanza jerarquía, pero su presencia lesiona estructuras de poder.

Boludo materialista dialéctico encerrado. Boludo compungido que aún no sale de su desazón por el desmembramiento de la Unión Soviética. No debe confundirse con el boludo marxista vulgar. Es categoría ampliamente cultivada, en general con dos o tres títulos universitarios, que, quizás por no haberse psicoanalizado, no superó sus propias contradicciones fundamentales.

Boludo mediador. Boludo que toma, sin que nadie se lo pida, la mediación entre dos partes en conflicto. Les propone a ambas una suma de esfuerzos, acercamientos o concesiones que ninguna estaba dispuesta a hacer, ni tampoco hará. Es boludo ocasional por necesidad, machacón o metemuertos, no necesariamente abogado.

Boludo médico. El que tiene la firme convicción de hacer un buen servicio a la comunidad, de ayudar al necesitado y de estar cobrando un buen dinero por lo que hace. Tiene una medallita con la imagen de Albert Schweitzer pegada en el calzoncillo y el ego en permanente exposición, o por lo menos la jeta al aire. Puede también categorizar para boludo corporativista (Ver)

Boludo militar. Clase escasa. Gente que todavía cree que su casta forma parte de la reserva moral de la nación. No sabe nada acerca de Pajarito Suárez Mason.

Boludo millonario. O boludo beati possidentis. Boludos que llegaron al mundo en el seno de familias con mucho dinero, y no han podido encontrar la razón de su existencia. Tienen una abierta incapacidad para la depresión, aunque hay casos suicidas. Suelen matar a sus mascotas con insospechada saña, después de encarar negocios inconducentes.

 Boludo misterioso. Aquel que, para ocultar su extrema boludez, guarda estricta reserva de los boludos actos de su vida boluda. (Aporte de la Investigadora Categoría 1, Carlota “Cuca” Laurenz)

Boludo mujeriego. Clase de boludo capaz de atender a cinco féminas en la misma época, (como él mismo señala), pero incapaz de mantener una relación seria y estable con ninguna. Una notable capacidad de decisión generalmente lo ubica en puestos laborales de importancia. Es entonces cuando delimita primero su territorio, y más tarde una suerte de coto de caza, adonde suelen ir a pastar sus mujeres (he ahí otra expresión de su cuño). Sus detractores abren páginas falsas en internet, para difundir las diminutas dimensiones de su sexo, cosa que nunca es desmentida ni dentro ni fuera del coto de caza.


Boludo nazi
. Clase de boludo, ciudadano y vecino, que se la pasa escuchando a Los maestros cantores de Nüremberg, de Richard Wagner, a todo volumen, sin importarle nada de los demás. No tiene connotación política, sino por obvia extensión.

Boludo nuevo rico. O boludo con apariencia de importante. Es clase que encontró la veta de financiar sus propias boludeces. Es de la categoría incapaz de distinguir la banda de babor de la de estribor sin una sesuda elucubración, y sin embargo ha comprado su yate, que navega con indisimulado orgullo por el Río de la Plata. Solía enganchar cadáveres de desaparecidos cuando olvidaba recoger por completo el ancla, pero volvía a arrojarlos al agua. Si se dedica a la política, tiene tendencia a abrir locales partidarios en barrios acomodados que dirige personalmente. Coloca a su boludo hijo en la rama juvenil del partido, asegurando de ese modo la continuidad de la especie.

Boludo opaco. También llamado chato. Dada su opacidad, se vale de sus subordinados, familia, esposa o adláteres para conseguir lo que quiere. A raíz de esto, puede ser confundido con el boludo vampiro (ver), pero en el caso del opaco, no esquilma sino hasta lo necesario, y es en general abandonado a tiempo por sus víctimas. No trepida en hablar mal de todo el mundo, aún de quienes lo ayudaron, incluso mintiendo. Muere ignorante de su condición, a menos que su nombre aparezca impreso en una nómina de boludos, debidamente firmada con aclaración y el sello de su jefe inmediato superior, debida y oficialmente certificada por la máxima autoridad competente.

Boludo palestino. Boludo gentil. (Por extensión)

Boludo por concurso. Se trata de una de las pocas categorías verdaderamente probadas. Asimila boludeces durante muchos años, de modo tal que cuando se presenta la ocasión, no pierde oportunidad de exponer todas sus teorías juntas, bajo pliego. Si gana, pasa a revistar en otra categoría, sin perder ésta.

Boludo positivista. O utilitario, o sansimonista. Está lleno de dinero, y eso le da la autoridad suficiente como para opinar tanto sobre el clima, de la errática política económica estadounidense, cuanto acerca del color de las corbatas de sus hijos o el próximo mundial de fútbol. Pontifica sobre las bondades del liberalismo y de la igualdad de oportunidades para todos. Sin embargo, vive cerca del poder y al calor de los poderosos, para servirse primero y bien servido de los privilegios negados a las mayorías.

Boludo presidente. Subtipo del boludo a cargo. Llega hasta altísimos cargos gubernamentales o empresariales, sin perder jamás su condición primigenia. Suele renunciar por cuestiones de salud tales como migraña, hipo o lumbalgia. En algunos casos se conservan sus proverbiales renuncias manuscritas, provocadas por levantamientos del proprio pueblo que lo votó. Antes, durante y después de su período dicta conferencias en las que pontifica acerca de las bondades de la democracia, aunque nunca explica cómo fueron posibles ciertos engendros que llegaron a ocupar el mando en países como Argentina, Ecuador o Estados Unidos.

Boludo sicoanalista. Boludo con la vida destrozada, que no cesa de aconsejar directa o subliminalmente a otros boludos. Para colmo, ha conseguido un carné habilitante de parte de las autoridades, lo que afirma su autoestima, pese a haber sido derrotado varias veces por su superyó. En algunas ocasiones pierde ese carné habilitante, acusado de estafa por alguno de sus boludos pacientes. En ocasiones alguno de esos pacientes los denuncian por haberse quedado con los ahorros de todas sus vidas.

Boludo putañero. Clase indolente, que solía pegarse venéreas y le bastaba con penicilina a razón de un millón de unidades por vez. En la actualidad, esta clase muere por causa del síndrome de inmunodeficiencia adquirida. Es especie en obligada extinción.

Boludo soberano. Ver boludo de mayorías. En sistemas monárquicos o autócratas, sólo puede categorizar para este grupo el investido rey, monarca o capitoste que se encuentre al frente del poder. (Concepto extraído del "Tratado de Nuevos Vocablos del Idioma Castellano en el Río de la Plata", de Nicanor Rodríguez Semper,  Ed. Seurat, Buenos Aires, 1.879)

Boludo socialista. Excelente tipo de boludo, sin lugar a dudas. Es el que espera, lleno de fe y con las mejores intenciones, que un día todos sean tan boludos como lo es él.

Boludo sushi. Es especie enamoradiza, de anchos carrillos y raros peinados antiguos. Aunque no se le puede registrar una actividad específica, porque no hace nada, atrae a legiones de interesados en lo que hace. Esto le da oportunidad de responder variados reportajes en los medios de comunicación usando una rara jerigonza que arranca invariablemente, con un “No sé”. Es especie capaz tanto de orquestar reuniones de gabinete, cuanto de convertirse en bailarín de video clips, o hasta en desnudista profesional.


Boludo terrorista
. Es la clase de boludo encargado de detonar la bomba, pero que se queda cerca de la zona del atentado para ver con sus propios ojos el resultado de lo que hizo. Cuando no es aprehendido por las autoridades, suele morir como producto de sus acciones. No grita ¡Banzai!, ni ¡Allah akhbar!, ni ¡Jerónimo!, ni nada.

Boludo togado. Aplícase al boludo magistrado superior, y a los jueces letrados de la jurisdicción militar. Es tipo con mucha preparación académica, capacitado para citar tanto a John Stuart Mill y a Cicerón, cuanto a Von Clausewitz. (Se recomienda no citar: Extraído de “Malditos seres sombríos de existencia real”, de Ibn Yussuf ar-Rahib; inédito)

Boludo tomista. O al tacto. Boludo incrédulo, sin llegar a la temible caracterización de boludo necio. (Ver) Boludo que debe tocar o tener frente a su nariz lo que a todo el mundo le resulta a todas luces evidente. Forman parte del grupo definido por muchas madres de generaciones anteriores, quienes se referían a sus hijos como niños que miraban con las manos.

Boludo vade retro, Satana. Popularmente conocido como boludo demoníaco, es especie de carácter insoportable. En general se les cierran las puertas de acceso con la frase que los define, de origen bíblico aunque con una forma bastante diferenciada. Véanse los libros de Mateo, capítulo IV, versículo 10 y de Lucas, capítulo VIII, versículo 33.

Boludo valet. El que se dedica a acompañar, en sus boludas intervenciones, a otras boludas clases en sus boludas gestiones de gobierno. No es subclase del boludo a cargo, ya que defiende sus ocultos intereses privados mientras finge estar haciendo otra cosa. Ha perfeccionado esta habilidad siguiendo a muchos otros boludos Alfa que se han cruzado en su camino. Aún defendiendo el territorio que le es ajeno, dado que cree pertenecer a la èlite dominante, es capaz de proclamar sin pudor (refiriéndose a ciertas tareas menores que forman parte de su administración) que “nosotros no estamos para eso”, sin alcarar jamás quiénes (aparte del boludo en cuestión) integran la mencionada primera persona del plural, o “El encargado soy yo”, sin definir tampoco en este caso a qué tarea se refiere.

Boludo vermucito. O de aperitivo, o de bar. Boludo que se pasa las tardes hablando boludeces, mientras ofrece libaciones a dioses mendaces, paganos o mediáticos que nunca lo escuchan. En compensación, ellos ignoran con olímpica actitud exasperante a sus hijos o nietos que van a buscarlos porque la comida est á en la mesa o hay teléfono desde Madrid. Son amantes del tute cabrero, el mus y la básiga, o el billar casino a dos bandas. Es especie en extinción.

Boludo wagneriano. Véase boludo manu militari. Tipo de boludo con altisonancia en la voz, posible producto de su sordera. Es clase con firmes convicciones, aunque algo atadas con hilo de coser. Recurre a los autores romanos y germánicos en busca de solidez en los juicios propios, cosa que a veces consigue frente a interlocutores poco despiertos. Suele ser fastidio de sus convecinos.

Boludo yo-yo. Boludo incapaz tanto de ver al prójimo cuanto de dejar de verse a sí mismo. Toda la experiencia sensorial o intelectual que lo rodea le arranca comentarios que invariablemente comienzan con el pronombre de la primera persona del singular.

Boludo zzz. Boludo de última, (ver), incorrectamente llamado de cuarta. Es de tipo tímido, con escasa energía, que suele quedarse dormido durante la fiesta. (Se recomienda no citar: Extraído de “Malditos seres sombríos de existencia real”, de Ibn Yussuf ar-Rahib; inédito)

“Aquello de lo que no se puede hablar, es preferible callarlo”.
Ludwig Wittgenstein.

  • [1] La Base, “Al Qaeda”, en árabe. Nótese que este escrito data de los años setenta, lo que demuestra el contacto tanto entre el autor, Cide Hamete Marchaflí, cuanto del ideólogo Ibn Yussuf ar-Rahib con el Mullah Omar, mentor y gestor del movimiento islámico del mismo nombre. Tenemos la certeza de que este párrafo no se trata de uno de esos oscuras licencias poéticas a las que nos tiene acostumbrado Omar Kayhan. Creemos –estamos seguros- de que este párrafo expresa claramente que la maldición de Ibn Yussuf ar-Rahib descansa al cuidado de un soladado convencido, combatiente, en el desierto de Libia o en las montañas de Afganistán.


    Para sucesivas ediciones, cualquier boludo puede quejarse, reclamar, dejar mensaje o tributar su aporte a este libro en: soy boludo@portaldelboludo.com.ar, o, como Cide Hemete Marchaflí indicó, dirigir carta postal a la casilla de Correo Nº 23646863 (Beninune) de la Ciudad de Nápoles.  

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